Hacia un país menos desechable.

En febrero visitaba un bosque esplendoroso del sur de Chile en la Región de Los Lagos, cuando de pronto se detuvo frente a mí un bus que lanzó una gran bolsa con basura. Al principio me apené, luego pensé en denunciarlo para que tuviera algún castigo… finalmente concluí que no era culpable de no tener conciencia.

Quizá se podría multar a todos los particulares que esparcen sus residuos por las ciudades, pero creo que los particulares a la vez somos víctimas de una gran cantidad de residuos que nos regalan al adquirir ciertos productos, sumado a que hay una importante tendencia de fabricar cosas más “prácticas” que faciliten nuestras vidas.

El término “práctico” gradualmente se ha entendido mal y, a nivel social, se percibe como un sinónimo de desechable. Esto trae como consecuencia un impulso hacia un mundo cada vez más tecnificado pero cada vez más generador de residuos. Es así como la excesiva generación de residuos ha comenzado a ser parte una problemática a nivel mundial.

El primer paso que se ha dado para controlar los contaminantes que se generan en la degradación de los residuos es la creación de los rellenos sanitarios que, con tecnologías de impermeabilización de suelos, de recolección de lixiviados y captura de gases, prometen ser una buena alternativa para apalear este problema. Pero aquí nos podemos detener y preguntarnos: ¿cómo controlar la generación de tantos residuos?


Chile está buscando ser líder en Latinoamérica con iniciativas que prometen ser una solución para la disminución de los residuos dispuestos en los rellenos sanitarios, como la futura Ley de Fomento al Reciclaje y Responsabilidad Extendida del Productor que obligará a los productores a organizar y financiar la recolección de los residuos de los productos prioritarios en todo el país.


Espero que esta nueva normativa cambie el destino de la basura, aportando un valor agregado a los residuos; formalizando el trabajo de los recolectores de base; mejorando la gestión ambiental municipal y, sobre todo, estimulando a los productores a volcarse hacia una producción limpia, con mayor durabilidad de los productos. Así, nos transformaríamos en un país menos desechable y con más conciencia de nuestros recursos naturales.

Tenemos que estar atentos a la aprobación final de esta Ley, que el 15 de diciembre fue aprobada por la Comisión de Medio Ambiente de la Cámara Alta y que en la actualidad está en manos de la Comisión de Hacienda del Senado para su segundo trámite legislativo.

Ahora vendrán nuevos desafíos, como optimizar los consumos energéticos y la regulación de los contaminantes del agua y de nuestro aire. Por lo tanto, no debemos mantenernos ajenos a estos temas sino estar altamente dispuestos a colaborar en hacer de nuestro país una nación más consciente y responsable con nuestro medioambiente, poniendo énfasis en la educación preescolar y escolar, y la Educación Superior Técnico Profesional formando especialistas preparados para disminuir el impacto ambiental causado por los seres humanos.

Hacia un país menos desechable. Por Caterina Quezada Docente de Ingeniería en Medio Ambiente @DuocUC

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